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Jackson Sitffler - The Webcam Company

Editorial

27/08/2026

Influencers en Colombia: más reglas, más responsabilidad… y quizás más confianza

En Colombia avanza la discusión sobre nuevas reglas para influencers y creadores de contenido. Más allá de la regulación, el mensaje es simple: transparencia, respeto por la privacidad y, sobre todo, no engañar a quienes confían en tu contenido.

Categoría

Editorial

Tipo

Politicas

Fecha

Ser influencer o creador de contenido dejó hace mucho tiempo de ser simplemente subir fotos, hacer videos o recomendar algo que nos gusta.

Hoy puede ser una profesión, un negocio, una fuente importante de ingresos y, en algunos casos, una voz capaz de influir en las decisiones de miles o incluso millones de personas.

Y precisamente por eso Colombia lleva tiempo discutiendo cómo debería regularse esta actividad.

Uno de los proyectos más relevantes es el Proyecto de Ley 394 de 2025 del Senado, presentado para regular y promover la creación de contenido digital en Colombia. La iniciativa ya superó su primer debate y ha tenido ponencia positiva para continuar su trámite, pero es importante aclararlo desde el principio: todavía se trata de un proyecto de ley, no de una ley vigente.

Más allá de cuál termine siendo el texto definitivo, la discusión plantea una pregunta interesante para quienes trabajan profesionalmente en redes sociales:

¿Qué responsabilidades aparecen cuando nuestra voz también se convierte en un negocio?

Primero: ¿a quién podría aplicarle?

Uno de los puntos importantes del proyecto es precisamente definir quién puede ser considerado influencer o creador de contenido profesional.

El texto propuesto habla de personas naturales o jurídicas que crean, producen y difunden contenido digital de manera profesional y sistemática, con responsabilidad editorial sobre aquello que publican.

Eso es importante porque no toda persona que tenga Instagram, TikTok, X, YouTube o cualquier otra red social se convierte automáticamente en influencer bajo este concepto.

La discusión está dirigida principalmente hacia quienes han convertido la creación de contenido en una actividad económica o profesional: personas que monetizan su audiencia, promocionan productos o servicios, desarrollan colaboraciones comerciales o ejercen una influencia significativa dentro del ecosistema digital.

Y probablemente ahí está la distinción más sensata.

No debería tratarse de regular lo que una persona común piensa o publica en sus redes.

Se trata de reconocer que cuando existe una actividad comercial, también aparecen responsabilidades comerciales.

Si te pagan por decirlo, dilo

Quizás el principio más fácil de entender sea también uno de los más importantes: transparencia.

Si una marca paga por una publicación, entrega un producto a cambio de promoción o existe algún tipo de relación comercial detrás de una recomendación, la audiencia debería poder saberlo.

El proyecto propone precisamente que el contenido patrocinado o comercial sea identificable para quienes lo consumen.

Pero esta idea tampoco nació ayer.

Desde 2020, la Superintendencia de Industria y Comercio ha recomendado que influencers y anunciantes identifiquen claramente las relaciones comerciales detrás de una publicación y eviten presentar publicidad pagada como si fuera una recomendación espontánea y completamente personal.

Y tiene sentido.

Recibir dinero por recomendar un producto no convierte automáticamente esa recomendación en algo falso.

Ocultar que existe una relación comercial sí cambia la información que recibe quien está mirando.

No engañar a los demás

En realidad, buena parte de toda esta conversación podría resumirse en algo extraordinariamente sencillo:

No engañar a los demás.

Las redes sociales han creado formatos nuevos, pero no eliminaron los principios básicos de una relación comercial.

Si promocionas un producto, sus características deberían ser reales.

Si prometes un resultado, deberías poder sustentar esa afirmación.

Si existe una condición importante, no debería esconderse en letra microscópica mientras el mensaje principal promete algo completamente diferente.

La legislación colombiana de protección al consumidor ya establece que la información comercial puede considerarse engañosa cuando induce o puede inducir a error y afecta las decisiones económicas de las personas. La SIC también ha reiterado recientemente que la publicidad difundida mediante redes sociales y plataformas digitales debe ser clara, suficiente, verificable y acorde con la realidad.

En otras palabras, TikTok no es un pequeño principado independiente donde desaparece el Estatuto del Consumidor al abrir la aplicación.

Tener influencia también significa entender sus consecuencias

El proyecto también introduce conceptos de responsabilidad social, protección de menores y prevención de prácticas como la desinformación, el ciberacoso y determinadas formas de contenido perjudicial.

Aquí la conversación se vuelve más compleja.

Porque regular contenido nunca debería convertirse en una excusa para eliminar la libertad de expresión.

De hecho, el propio texto del proyecto reconoce la creación de contenido como una manifestación de esa libertad y plantea que su regulación no debe interpretarse como una limitación indebida de este derecho.

Pero libertad de expresión y responsabilidad tampoco son conceptos incompatibles.

Una persona puede opinar.

Puede criticar.

Puede contar su experiencia.

Puede hacer humor.

Puede expresar ideas con las que otros estén completamente en desacuerdo.

Otra cosa muy diferente es utilizar una audiencia para difundir afirmaciones comerciales falsas, presentar publicidad como opinión independiente o perjudicar deliberadamente a otras personas mediante información engañosa.

Y luego está la privacidad

Existe otra responsabilidad que, para nosotros, merece tanta atención como la publicidad: respetar la vida privada de los demás.

Trabajar públicamente en internet no significa que todas las personas alrededor de un creador hayan renunciado también a su privacidad.

Familiares, parejas, amigos, colegas, clientes y terceros siguen siendo personas con sus propios derechos.

Colombia cuenta además con normas de protección de datos personales que parten de principios como finalidad, libertad, veracidad, transparencia y acceso restringido a la información personal. En términos generales, el tratamiento de datos personales debe tener una finalidad legítima y, salvo las excepciones previstas legalmente, requiere autorización del titular.

Eso no significa que cada aparición accidental de una persona en una fotografía automáticamente genere una infracción.

La realidad jurídica es bastante más matizada.

Pero sí existe un principio profesional que debería ser fácil de adoptar incluso antes de consultar un código:

la audiencia de una persona no le pertenece a las demás.

Exponer conversaciones privadas, datos personales, situaciones íntimas o información sobre terceros simplemente porque puede generar engagement debería hacernos pensar dos veces.

Quizás tres.

Profesionalizar no significa censurar

Existe una tendencia a interpretar cualquier regulación de internet como una amenaza automática.

Y hay buenas razones para analizar cuidadosamente cualquier norma que pueda afectar la libertad de expresión.

Pero también es importante reconocer algo.

Una industria comienza a ser tratada como profesional cuando también acepta ciertas responsabilidades profesionales.

Publicidad transparente.

Información veraz.

Respeto por los consumidores.

Protección de menores.

Respeto por la privacidad.

Claridad sobre cuándo estamos dando una opinión y cuándo estamos vendiendo algo.

Nada de eso debería hacer más débil la actividad de los creadores.

De hecho, puede hacerla más confiable.

La confianza también se monetiza

Para quienes construyen una carrera alrededor de una audiencia, existe un activo todavía más importante que el número de seguidores:

la credibilidad.

Puedes comprar publicidad.

Puedes conseguir alcance.

Puedes aprender algoritmos.

Puedes construir una producción espectacular.

Pero recuperar la confianza después de perderla resulta bastante más complicado.

Por eso, independientemente de cómo termine el trámite del proyecto de ley colombiano, quizá existe una regla que no necesita aprobación del Congreso:

Sé transparente con tu audiencia. Respeta la privacidad de los demás. Y no engañes a las personas que confiaron en ti.

No porque una ley eventualmente pueda obligarte.

Porque esa es simplemente una buena manera de construir una carrera que valga la pena conservar.


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Modelo: Jackson Stiffler

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